Por: Gustavo Cortez

“Fuera del país el concepto de un mexicano es la figura de un charro con su sombrero y su traje de faena”, refiere orgulloso Alan Carbajal, quien por años ha practicado el deporte nacional que por décadas se ha mantenido como un referente de nuestra identidad, pues resalta valores y cualidades como la fortaleza, la valentía, la elegancia y el respeto por los animales.

El origen y la historia de la charrería está muy ligado al legado de la Revolución Mexicana y guarda una importante parte de la identidad mexicana, de hecho es el único deporte que fue creado como resultado directo del trabajo de quienes por años se dedicaron a la crianza y arreo del ganado.

La historia narra que ganaderos mexicanos desarrollaron como parte de su trabajo, técnicas lúdicas para manejar a las reses que con el paso del tiempo darían pie a un deporte y que desde entonces ha hecho enorgullecerse a todo aquel que lo practica.

Antes del siglo XX comenzaron a darse los primeros espectáculos relacionados con la charrería pero fue necesario que pasaran varios años para que de manera formal se conociera esta práctica y se empezara a llevar a cabo en estados como Jalisco, Hidalgo y la Ciudad de México, donde los jinetes empezaban a concentrarse.

Las mujeres no están excluidas de la charrería y es que la participación de las escaramuzas, como se les llama a las damas que practican este deporte  en un evento de charrería, también es uno de los números más espectaculares y esperados por la concurrencia.

La vestimenta de la participación femenina está relacionada con la figura de las “Adelitas”, quienes se hacen acompañar de caballos con los que realizan diferentes suertes además de darle un toque artístico y realce a las charreadas.

Para Alan Carbajal Galaviz de 27 años, la charrería tiene gran importancia para nuestra cultura por ser considerada como el deporte nacional,  con un alto grado de excelencia además de alto rendimiento, sumado a ello su pasión y amor por este arte le ha permitido representar a Juárez en competencias y el año pasado ganar a nivel regional el título de “Charro Completo”.

Comparte que su familia desde que él era muy chico tuvo caballos, pero el interés por la charrería nació cuando tenía 17 años, por lo que desde entonces le ha dedicado mucho tiempo a este deporte sobre todo si se quiere aprender a manejar la soga, por lo que debe ser una práctica diaria, dijo.

La preparación es una constante ya que hay que estar arriba del caballo y practicando, a la par de aprendiendo el manejo de la soga para poder realizar las distintas suertes. Manifestó que si la persona quiere ser coleador, jinete de toro o yegua debe de hacer ejercicio y practicar horas y horas para hacer “horqueta”, es decir que el cuerpo se acostumbre a la monta del caballo y se sienta cómodo pero sobre todo para el dominio del animal.

Alan afirma que el 90 por ciento del trabajo de un charro en este deporte, depende de su relación con el caballo, se debe sentir la persona a gusto y cómoda al igual que el caballo para que permita hacer las suertes de la competencia porque un caballo intranquilo no permite hacer nada.

Regularmente los caballos se escogen al gusto de los charros, ya sea activos, tranquilos o mansos además de que requieren una buena alimentación y cuidado con el objetivo de que puedan tener un buen rendimiento.

En el deporte de la charrería se manejan distintas suertes, la primera de ellas es la cala del caballo que consiste en cómo tú manejas el caballo y la facilidad de movimientos, después viene la suerte de los piales en el lienzo que consiste en lanzar de las patas traseras a una yegua y detener la velocidad enredando la soga en la montura, luego la tercera es la suerte del coleadero donde 3 charros del equipo tienen 3 oportunidades para derribar al ganado.

Enseguida viene la suerte de la terna donde participan 3 charros también del equipo donde se laza al toro de las patas para poder derribarlo.

La quinta suerte es la jineteada de toros que consiste en que 3 miembros del equipo tiene que lazar al toro de cabeza y patas y derribarlo, la sexta suerte es la jineteada de yegua  donde el jinete debe de permanecer en el lomo del animal hasta que deje de moverse y la séptima suerte es las manganas a pie, en esta hay que lazar a la yegua por las patas delanteras y derribarla.

La octava suerte es manganas, en esta a caballo se laza a la yegua de las patas delanteras y al final se hace el paso de la muerte donde un miembro del equipo se sube a un caballo sin montura y tiene que brincar a un caballo bruto.

Alan manifiesta que cada charro debe de tener un entrenamiento diario independientemente de la suerte que se quiera realizar e incluso dijo que en equipo que puede ser desde 5 hasta 12 personas, también se debe de practicar y trabajar. “Es mucha constancia y entrenamiento”.

Por otra parte el atuendo de un charro da mucha distinción a quien lo porta manifestó Alan sobre todo a los mexicanos. “Me ha tocado que sales del país y el concepto de un mexicano es la figura de un charro con su sombrero y su traje de faena”.

Manifestó que este traje consiste en el pantalón charro, camisa, moño o corbata, chaparreras, sombrero y espuelas, es la vestimenta básica de quienes realizan este deporte y los colores y el diseño varían según lo que el charro quiera invertir, como mínimo se gasta entre 8 y 10 mil pesos.

Carbajal define a la charrería como un deporte de mucho nivel, de prestigio y distinción “porque no cualquiera se sube a un caballo o un toro”, ya que en primer lugar un charro lo hace por gusto y satisfacción, y en segundo porque el atractivo que se ofrece a las personas que asisten a un ruedo es inigualable.

El año pasado este orgulloso jinete mexicano tuvo la oportunidad de entrar a competir como “Charro Completo” realizando por lo menos 7 suertes, quedando campeón en el estado.

“Yo quisiera que la gente se acercará, lo que necesitamos en Chihuahua es que la gente venga a este tipo de eventos. Los charros ahorita tenemos la intención de brindar a la gente un espectáculo que los divierta y les enseñe a disfrutar del mismo”.

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde el 01 de diciembre del 2016 la charrería está considerado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es sin duda el deporte más icónico de nuestro país y debemos seguir preservándolo y compartiendo con las nuevas generaciones.

Gustavo Cortez Escareño

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