Luis Ernesto de la Garza Carballo
 

Soy el Traje de Charro, y aunque prácticamente nunca hablo por mí mismo, aprovecho la ocasión para hacer algunas confesiones. Mi nombre tiene origen español: dicen que la palabra Txar en vascuence significa campesino. Estoy presente en varias películas, en las calles, fiestas, embajadas y consulados, y en eventos que van desde bodas típicas hasta las olimpiadas, y a pesar de lo que diga mi compadre el Tequila o mi novia, la Música Ranchera, entre muchos otros, yo he sido el mejor portavoz de la cultura mexicana por muchos años ya.

Pido una disculpa por la falta de humildad, pero sé que mi fisonomía es elegante y bravía desde la cabeza hasta los pies, con mi sombrero de fieltro, piel o palma de ala ancha con borde chapeteado y a veces adornado con bordados o aplicaciones de cuero o hueso; mi camisa blanca o de color con cuello pegado o volteado. Mi chaqueta de gamuza Confesiones del Legendario Traje de Charroo tela a veces adornada y con botonadura de hueso o incluso plata, igual que mi pantalón o falda (cuando las damas se engalanan con mi apostura), siempre tengo un moño o corbatilla que combina con el resto del conjunto, o resalta por contraste de color o diseño, y me complemento con los botines y el cinturón de piel.

Aunque una parte importante de mi cuerpo, que no muestro frecuentemente, es mi hermoso sarape de tela, que reluce sólo en elegantes fiestas, en tiempos de frío o en ocasiones en que quien me porta no realizará suertes de gran hazaña física, pues podría estorbarle. Muchas veces también llevo revolver y otras tantas también un lazo, que llegan a formar parte importante de mi aspecto, pero que suelo mostrar sólo cuando sirvo para ejecutar suertes charras.

Confesiones del Legendario Traje de CharroEn mi infancia era tan sólo un pantalón y una camisa de manta blanca, con huaraches y un sombrero de palma; era portado por los rancheros y músicos en épocas de la colonia, pues las telas finas y botonaduras eran exclusivas de los terratenientes, provenientes de Salamanca, España. De hecho, el traje típico de Salamanca es mi verdadero padre, de quien recibo el nombre, aunque ya no nos parezcamos mas que en lo esencial. Igual ocurre con mis hermanos, con los que comparto el mismo origen, aunque ahora seamos completamente diferentes: el Traje Gaucho de Argentina, el Traje Llanero venezolano, el Traje de Chalán peruano y el Traje Huaso chileno. Así ocurre con todos los hijos cuando maduramos y forjamos nuestra propia identidad.

Confesiones del Legendario Traje de CharroMi adolescencia llegó en el siglo XVII, cuando las leyes mexicanas permitieron que los rancheros mexicanos y cualquier hombre a caballo, usaran telas y adornos igual que los españoles; entonces tuve esos momentos de adaptación corporal como cualquier adolescente, primero con unas chaparreras o chivarras abotonadas que me salieron en las piernas y luego con una especie de chaleco largo de cuero llamado tapabalazos, para proteger el pecho y las piernas de un disparo accidental del revólver mientras se cabalgaba.

Confesiones del Legendario Traje de CharroMi primera aparición oficial como atuendo maduro, ante la crema y nata de la sociedad fue en el siglo XIX, cuando el archiduque Maximilano de Habsburgo, el único emperador que tuvo México, me portaba con gallardía, hecho de fina gabardina negra y botonadura de plata, en cada evento público que podía. Desde entonces hasta ahora, mi elegante fisonomía no ha cambiado mucho, aunque siempre me adapto a la ocasión: a veces tengo un ánimo de competencia y debo otorgar ligereza y protección, necesarias en las suertes de la charrería; en otras ocasiones soy elegante y me pongo de un solo color, generalmente negro o blanco desde los pies hasta la cabeza; pero debo reconocer que en muchas otras ocasiones me gusta llamar la atención y brillar en los escenarios, con adornos centelleantes, colores estridentes y combinaciones llamativas.

Confesiones del Legendario Traje de CharroComo buen mexicano, hice mi servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el presidente de México, Manuel Ávila Camacho, nombró a los charros mexicanos como la primera reserva del Ejército Nacional, por lo que se me permitió portar siempre mi revólver, que generalmente, sólo me adorna. Fue en esa época cuando el director de orquesta Miguel Lerdo de Tejada me declaró como uniforme de su orquesta, y en los años treinta del siglo XX, por el impacto visual que causé, los mariachis me adoptaron como su vestimenta oficial hasta hoy en día.

Confesiones del Legendario Traje de CharroActualmente, mi presencia está académicamente reglamentada por la Federación Mexicana de Charrería y por la Asociación Nacional de Charros, quienes critican fuertemente a los mariachis y artistas que me portan con novedosos colores, diseños y accesorios para sus espectáculos; pero tengo que confesar que es gracias a estos espectáculos, a las películas en las que he participado y a las importantes personalidades a quienes he engalanado, que soy conocido en casi todo el planeta, por lo que agradezco infinitamente la moderna osadía de mi uso, pues así me he adaptado y he logrado sobrevivir a las antiguas tradiciones, manteniéndome siempre fresco y atractivo a los ojos del mundo. Aunque por supuesto, esto no significa que yo sea un disfraz, ni un folclórico traje de bufón, simplemente soy lo que los mexicanos me permiten ser: ¡Un digno representante de la cultura!

Confesiones del Legendario Traje de CharroMe da mucho gusto y es todo un honor para mí, ser portado por cada vez más personas que tienen ganas de probar mi apuesto porte. Me pueden encontrar con varios fabricantes especializados en el estado de Jalisco, en el área Metropolitana de la Ciudad de México, y en casi todos los estados de la República Mexicana, en los lugares donde se comercializan los trajes típicos de cada región; porque eso sí, no me encontrarán nunca en tiendas departamentales. Sin embargo, siempre están disponibles en los mercados y en las tiendas de artesanías, coloridas versiones de mi sombrero, como un digno recuerdo de México que muchos turistas se llevan a sus países de origen, fomentando mi presencia en lugares en donde me conocen simplemente como el Traje Mexicano… ¡y a mucha honra!

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